•
Es que estoy muy triste porque mi papá no podrá venir para mi
cumpleaños.-respondió ella.
Hacía
tres años que su papá se había tenido que ir a trabajar en la pizca, al otro
lado de la frontera. Cada cumpleaños de su hijita, el señor volvía sin falta para
festejarla, y era la época más feliz para la niña. Pero una noche antes, había
escuchado sin querer una conversación en la cual su mamá le decía a su abuelita
que la cosecha de tomate se había arruinado con las nevadas, y por tanto, su
papá no tenía dinero para regresar al pueblo. Desafortunadamente, la familia
tampoco tenía dinero para mandarle.
•
¡ Tengo una idea! - exclamó Rosy:- Mi abuelita Cuquita, que está en el cielo,
me platicó una vez que al final del arcoiris hay
un
tesoro de monedas de oro. Si lo encontramos, ese tesoro será suficiente para
traer a tu papá de vuelta. Iremos juntas a buscarlo.
Los
días pasaron, sin rastro del arcoiris. Una tarde al finalizar las clases, luego
de la lluvia cantarina, el sol asomó su carita entre las nubes, y un arcoiris
precioso apareció .Las niñas estaban emocionadas. ¡ Ahora, tenían que emprender
el camino para hallar el tesoro!
Por
primera vez en su vida, en lugar marcharse hacia sus hogares, se dirigieron
hacia el Cerro de las Noas, detrás del cual estaba la Gran Ciudad. Ahí parecía
estar el final del arcoiris. Las niñas iban admirando las florecillas que la
lluvia había adornado con gotitas de diamantes.Caminaron por mucho tiempo, y
Regina preguntó:
•
¿Cuánto falta para llegar? Me duelen los pies, y ya me está dando hambre.
•
Hay que preguntarle a la señora ardilla.- sugirió Rosy, divisando a uno de
estos animalitos, que observaba curioso al trío de chiquitas :- Hola,
•
señora ardilla...¿Falta mucho para llegar al final del arcoiris?
La
ardilla sacudió la cabeza como diciendo " NO".
•
Ya ven - dijo Rosy :- Al ratito llegamos
Siguieron,
ahora de subida, llenas de esperanza. Avanzaron entre los cactus y los
conejitos que se asomaban a verlas, y ayudándose las unas a las otras cuando
era necesario. De repente, el sol y el arcoiris se esfumaron, y se hizo de
noche.
- ¡ Ya
se fue el arcoiris! - dijo muy decepcionada Sofía. Fue cuando se dieron cuenta
que no podrían regresar a casa, ya que la oscuridad se los impedía, y Rosy, que
era la más decidida, determinó:
•
Ya casi llegamos a la cima. Pasaremos ahí la noche, y mañana, encontraremos el
tesoro. No te apures, Sofía
•
Sí - afirmó Regina:- No te apures, Sofis, que vamos a encontrar ese tesoro para
tu papá.
A
pesar de los ruidos del viento y los aullidos de los coyotes, las niñas
trataron de ser valientes, y tomándose de la mano, llegaron a lo más alto del
Cerro. Ahí, la imagen enorme y silenciosa de un Cristo con los brazos abiertos
las esperaba.
•
Él nos cuidará. ¡ Qué altote está! - dijo Sofía, muy animada. Bajo sus pies, la
Gran Ciudad se desplegaba llena de luces de colores. Las niñas se sentaron al
pie de la imagen, y abrazándose trataron de darse calor. De pronto, unos gritos
las asustaron. ¿Quién sería, en medio de la noche? Unos hombres se acercaron a
las pequeñas, con linternas en la mano.
•
¡ Niñas! - les dijo uno de ellos, bigotón y de cara bondadosa:- ¡ Mucha gente
las ha estado buscando, gracias a Dios que las encontramos!
Las
llevaron en un automóvil a la Gran Ciudad, para que pasaran la noche bajo
techo. Mientras les daban de cenar, las niñas explicaron a sus salvadores su
odisea, y el motivo que las había llevado a emprender la excursión tan lejos de
casa. La noticia del salvamento de las pequeñas y su historia se regó hasta en
los programas de radio y televisión de la localidad. Al día siguiente, cuando
las llevaron de vuelta a casa, las niñas pidieron perdón a sus familias por
haberse ido sin permiso, y el señor bigotón las había encontrado expresó:
•
Ahora que están todos reunidos, y que ya pidieron perdón a sus papás, ¡les
tenemos una sorpresa!
La
historia de amistad de las pequeñas habían conmovido tanto a los habitantes de
la ciudad, que habían organizado una colecta para traer de vuelta al papá de
Sofía. ¡ Qué alegría! Había dinero más que suficiente para ello, y las niñas
brincaban de contento.
Después
de todo, la abuelita Cuquita había tenido razón. Al final del arcoiris, estaba
el tesoro más maravilloso que cualquier ser humano pudiera desear: ¡ El tesoro
de la verdadera AMISTAD!
Y
colorín colorado, este cuento, se ha acabado.
COSQUILLAS
SENSIBILIDAD
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Soy
el rey de las cosquillas, me gustan muchísimo. Me gustan por la mañana al
levantarme y después de desayunar, cuando salgo de la escuela y antes de
cenar.
Mamá
dice que soy Pablo, el Rey de las cosquillas.
Son
divertidas y mágicas. Cuando algo no me gusta, parece mejor con cosquillas.
Si me enfado las cosquillas me dan risa y cuando estoy con mis amigos también
les regalo cosquillas.
Sara
es mi mejor amiga y se cayó del tobogán. ¡No podía parar de llorar!.
Le
dí un beso, me miró y lloró aún más.
Me daba
mucha pena verla así y le dije :"Hola soy el rey de las
cosquillas". Y su cara empezó a cambiar. Cuando empezé a hacerle
cosquillas ya no sabía si reír o llorar. La rodilla le dolía igual pero no
hay nada que no se pueda curar. Ahora va un poco cojita, pero nos miramos y
reímos.
No
me gusta ver a nadie llorar, o pelearse, o decir cosas que suenan bastante
mal. Cuando alguien está triste yo también lo suelo estar, pero si sonríe eso
ya me gusta más.
Cansados,
tristes, enfadados, peleados...no hay nada que una buena sesión de cosquillas
no pueda arreglar.
¿Y a
tí? ¿Te gustan las cosquillas?.
Hay
veces que las letras se unen solas para formar palabras fantásticas,
imaginarias, que no existen y es que Daniel es mágico, es un mago de las
palabras.
Lleva
unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere. Es
muy divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un: buenos
días preciosa debajo de la almohada o cuando papá encuentra en su coche
un te quiero de color azul.
Sus
palabras son palabras amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y
hacen sentir bien: gracias, te quiero, buenos días, por favor, lo siento, me
gustas.
Oscar
Emilio sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar con ellas y
ver la cara de felicidad de la gente cuando las oye. Sabe bien que las palabras
amables son mágicas, son como llaves que te abren la puerta de los demás.
Porque si tu eres amable, todo es amable contigo.
Y
Oscar Emilio te pregunta: ¿quieres intentarlo tú y ser un mago de las palabras
amables?.
1. La madrina había saltado con un paquete largo,
larguísimo, que sostenía con las dos manos haciendo equilibrio para no caer
se.
-¿Qué
es? ¿Qué es?- dijo Flop emocionada. Y lo comenzó a abrir.
-¡Fantástico!-
dijo Flop, siempre quise tener un paraguas rojo.- ¿Lo puedo probar?
-Por
supuesto- dijo la madrina. Y Flop se fue de paseo con su paraguas nuevo. Saltó
de camalote en camalote y llegó a la orilla. Empezó a caminar y como el sol
estaba muy fuerte descubrió que el paraguas tenía una hermosa sombra.
A la
ranita Flop, le pareció fantástico.
Después
el cielo se llenó de nubes negras y comenzó a soplar un fuerte viento. A la
ranita Flop le costó mucho trabajo sostener su paraguas. Parecía que el viento
se lo quería arrancar de las manos. Pero. de pronto sopló con más fuerza y
¡ooooooh sorpresa!... la ranita Flop comenzó a volar.
A la
ranita Flop, le pareció fantástico.
Plic,
plic, plic. Empezó a caer una gota, otra y otra. Y se largó a llover muy
fuerte.
-¡Qué
tormenta!- dijo Flop y descubrió que sentadita debajo del paraguas se sentía
protegida y seca.
Y a la
ranita Flop, le pareció fantástico.
Cuando
terminó la tormenta, Flop regresó a la orilla de la laguna azul. Pero. ¿Qué
había pasado?... El viento había alejado mucho a los camalotes. Ahora ¿cómo los
alcanzaría?
Entonces
Flop apoyó el paraguas en el agua y comprobó que flotaba. Se subió en él y
descubrió que su paraguas rojo podía ser un buen barco.
A la
ranita Flop, le pareció fantástico.
Cuando
llegó a su camalote, todas las ranitas la esperaban con una torta con dos velas
rosas y un chocolate caliente para compartir. Y a la ranita Flop... esto,
¡también le pareció fantástico!
Todo
estuvo muy bien hasta que un día, la mariposita se despertó más remolona que de
costumbre y le dijo a su mamá: - Me parece que no voy a ir más a la escuela.
Mejor me quedo en casa jugando con las muñecas.
La mamá
no lo podía creer: - Pero si hasta ayer te encantaba... ¿Cómo puede ser qué hoy
no quieras ir?
-Bueno,
la escuela es linda pero me cansé -dijo la mariposita empezando a hacer
pucherito mientras que con un palito dibujaba en la tierra.
En eso
llegó papá, se sentó a su lado y le preguntó: -Dime guapa, ¿Qué te gustaría
hacer cuando seas grande?
Entonces,
mariposita se olvidó del pucherito y toda entusiasmada le empezó a contar: -Me
gustaría pintar cuadros como la madrina de bichito, cocinar medialunas como
mamá y tener un tutú rosa lleno de lentejuelas fucsias y un bonete con tul,
para poder bailar "la danza del hada Confite".
-Y
todas esas cosas tan interesantes, ¿Dónde las vas a aprender?- preguntó el
papá.
La
mariposita le brillaron los ojitos y dijo sonriendo: -¡Ah!... Ya entendí. Me
parece... que voy a ir a la escuela, todos los días.- Y se preparó para salir.
Entonces
la mamá le puso en la bolsita unas galletitas bañadas en chocolate y un vasito
de agua con tapa.
A la
semana siguiente, fue su cumpleaños. En la escuela, la sorprendieron con una
gran fiesta con globos y guirnaldas. La mamá le preparó la torta y la vistió
con el tutú y el bonete que ella soñaba. El profesor Grillo le tocó en su
violín la música de Tschaikowsky y Mariposita pudo bailar "la danza del
hada Confite".
Cuando
terminó, todos aplaudieron, la abrazaron y le dieron un montón de besos. Y fue
que desde ese día Mariposita no quiso faltar ni un solo día a la escuela.
El
niño verde respondió:
-Eso
no es cierto, el muro lo pusieron ustedes los azules para no dejarnos tomar
mangos, lo sé porque yo quisiera darle a mi mamá un mango pero ustedes no nos
dejan tomarlos.
El
niño azul comprendió el malentendido y le dijo:
-Para
que veas que no es así, toma éste mango
-Y tu
también toma ésta manzana.- Contestó el niño verde.
Y
fueron a dárselas a sus mamás que las disfrutaron mucho.
Así se
hicieron grandes amigos, y tiempo después con las piedras del muro construyeron
una gran pista de baile para gente azul y verde, y cualquiera podía tener
manzanas y mangos, y todos fueron felices para siempre.
Y
colorín colorete, este cuento.¡si se puede!.
-Rrrr,
Rrrr, Rrrr, Rrrr -era el ruido que hacían las alas al ser sacudidas.
Maia
no limpiaba sus alas, salía y entraba descuidadamente.
La
mamá de Maia era Vilma, la Abeja Reina, quien cuidaba de que todo en la colmena
funcionara bien. También cuidaba de todas sus muchas hijas, las abejas
zumbadoras.
La
Abeja Reina solía decirle a Maia:- Debes sacudir tus alas, porque el polen que
queda adherido en ellas puede llegar a impedir que éstas se muevan -.
-¡Qué
importa! - respondía Maia - así voy más rápido y soy la abeja que mejor
trabaja.
Efectivamente,
Maia era la obrera que más viajes había hecho esa mañana. Cuando estaba
terminando el último...escuchó un extraño ruido: Brrrz, Brrrz, Brrrz.
Maia
se ocultó entre unas flores rosadas que crecían formando compactos racimos.
Cuando pudo ver quién producía ese ruido...¡empezó a temblar de miedo!. ¡Era
una avispa de aguijón rojo!. Sabía que, si lograba clavarle el aguijón, le
inyectaría un horrible veneno. La única solución posible era huir mientras la
avispa estaba entretenida con unas flores.
1. Pero...cuando Maia quiso mover sus alas se dio
cuenta de que estaban pegadas entre sí por las partículas de polen que entre
ellas habían quedado. (Estaban pegajosas como las manos de los niños cuando han
comido dulces).
La
pobre abeja tenía miedo, no podía moverse. Despacio, intentó utilizar sus patas
para despegar el polen, pero esto fue inútil, sólo se limpiaría con una buena
sacudida, pero no podía hacer eso porque la avispa la descubriría. Para colmo,
cada vez se sentía más cercano el zumbido de su enemiga: - Brrrz, Brrrz, Brrrz.
De
pronto, alertadas por la ausencia de Maia, aparecieron diez abejas zumbadoras
de la colmena, las cuales rodearon a la avispa.
-BZZ,
BZZ, BZZ, ZZZ - se escuchó, lo que en el lenguaje de las abejas significa:
-"¡Aléjate de aquí, éste es nuestro territorio!"-.
-Brrrz,
Brrrz, Brrrz - respondió, enojada, la avispa (en su lenguaje quería decir:-
"Solo estoy de paso por aquí"-).
-BZZ,
RRR, BZZ, RRR, BZZ- contestaron con firmeza las abejas, cerrando aún más el
círculo en torno de la avispa.
V
iendo que le ganaban en número, la avispa decidió retirarse sin volver a
discutir.
Maia,
feliz, sacudió enérgicamente sus alas y regresó a la colmena con sus hermanas.
La Abeja Reina la abrazó y secó sus lágrimas. Maia, la abejita zumbadora,
pensaba que sería castigada.
Por el
contrario, la Abeja Reina le dio una nueva e importante misión: enseñar a las
abejas que iban creciendo a limpiar sus alas con prolijidad y a realizar con
orden y cuidado todas sus tareas.
Así,
Maia entendió que ser muy laboriosa es importante, pero lo es más aún el
trabajar con orden y limpieza. De esta manera, toda la comunidad de abejas
zumbadoras se vio beneficiada.
Vilma,
la Abeja Reina, se sintió satisfecha de haber confiado en Maia, su mejor abeja-
obrera.
Ella todos los día a las seis de la mañana gritaba
¡COCOROCOOOOOOOO! y despertaba a todos por muchos metros a la redonda.
EL gallo Pepe estaba muy enojado con la gallina
Cocoroca porque pensaba:
- El anunciar el amanecer es obligación de una
gallo y no de una gallina.
Así se le ocurrió una idea para que la gallina no
cantara. Fue al gallinero a buscar a la gallina Cocoroca y le dijo:
- ¡Gallina Cocoroca como tú eres la que
anuncia el amanecer te quiero invitar a ver las estrellas!
Al anochecer se encontraron en el techo del
gallinero. El gallo Pepe le mostró cada estrella que pasaba y le contaba una
historia sobre cada una.
La gallina Cocoroca estaba contenta porque le
encantaban las estrellas y el gallo Pepe muy feliz porque tuvo con quien
compartir lo que sabía de las estrellas.
Al otro día la gallina Cocoroca y el gallo Pepe no
cantaron, esa mañana no se oyó ningún ruido todo estaba en silencio.
Cuando el gallo Pepe se despertó, se dio cuenta que
no había cantado y se puso muy triste porque entendió que él no cantaba porque
no se despertaba y no por culpa de la gallina Cocoroca.
El gallo Pepe le pidió perdón a la gallina y le
agradeció por anunciar el amanecer.
Después de ese día la gallina Cocoroca despertaba
al gallo Pepe para anunciar juntos el amanecer.
Pronto,
el pueblo pareciò volverse fantasma. Sus calles estaban vacìas la mayor parte
del tiempo, y los màs afectados fueron los niños. De pronto, de tanto tiempo de
estar encerrados, y sentados sin parpadear, sus ojos se volvieron opacos y
rojos, sus cuerpos fofos, como gelatina, y sus caras pàlidas por falta de la
luz del sol.
Los
doctores, alarmados, pensaron en una epidemia, y recetaron vitaminas, jarabes y
comidas especiales para los niños del pueblo. Luego se culpò a la contaminaciòn
ambiental, y, como suele pasar, al gobierno. Pero los niños no mejoraban.
Un
mañana de primavera, llegò al lugar una familia que venìa del campo, con su
hijo Esteban. Era un niño muy diferente a ellos, con la piel bronceada, los
ojos brillantes, y la sonrisa en el rostro. Los niños de la escuela lo
rodearon, preguntàndole:
- ¿
Tienes tu compu portàtil, o en casa?
- No
sè de què me hablan- dijo el niño- De donde vengo, no tenìamos eso.
"
Què raro es" pensaron todos, vièndolo como si fuera un extraterrestre con
siete patas y cinco ojos morados. Lo dejaron solo, mientras se iban a sus casas
a seguir conectados a sus màquinas. Uno de ellos, Andrès, se sintiò curioso por
ver lo que hacìa el nuevo para divertirse, y lo siguiò a escondidas.
Esteban
caminò hacia el jardìn, y adentràndose entre los arbustos, se puso a platicar
con alguien. Cuando Andrès intentò mirar, Esteban lo cachò, y le dijo,
amablemente:
-
Estoy platicando con los grillos. Dicen que han tenido una noche magnìfica, de
concierto. ¿Quieres venir a echarte el chal con ellos?
- Pero
yo no sè còmo hablar su lenguaje- dijo Andrès.
- !
Todos sabemos còmo hablar con los animales, nada màs que se nos olvida! - le
dijo Esteban.
Pasaron
una tarde deliciosa, brincando charcos, platicando con las ranas y animales de
los alrededores, y trepando a los àrboles. Cuando llegò la hora de la cena, y
Andrès entrò corriendo a su casa, su mamà pegò un grito:
"
!! Dios Santo, este niño està enfermo!!"
Sus cachetes estaban colorados, sus ojos ya no
estaban hundidos y su piel habìa dejado de ser pàlida. Cuando el doctor lo vio,
dijo, muy asombrado:
- Este
niño està completamente sano, y muy recuperado.
Andrès
les confesò su pequeña aventura de la tarde, y pronto la voz se corriò de lo
que habìa sanado a este pequeño. Esteban y su familia fueron abordados por
cientos de papàs y sus hijos, y el papà de Esteban sòlo atinò a decirles:
- Yo
creo que si los niños de este pueblo vuelven a ser niños, a brincar, a jugar, y
a volar cometas por los parques, ahì està la soluciòn.
Desde
entonces, las compus dejaron de ser las reinas del poblado, y se volvieron lo
que estaban destinadas a ser de entrada, una herramienta para la vida, pero no
màs importante que los mismos seres humanos. Y los bosques, y los parques, y
las calles del pueblo, volvieron a llenarse de vida, de risas y de gente, como
antes de la invasiòn de las compus...
Y
COLORÌN, COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO...
Ellas
podían distinguir los grandes árboles, la hierba fresca, los pájaros danzando
en el aire y el agua susurrante de un riachuelo.
Con la
segunda ráfaga de viento volaron aún con más fuerza y algunas ¡plaf!, se
mezclaron con el cielo.
En su
paseo decubrieron al pastor con sus ovejas que las miraban con curiosidad, a la
ardilla y al mapache, y también a las hormigas obreras.
Reían
nerviosas, llenas de curiosidad y en su vuelo pudieron ver cientos de mariposas
que como ellas se dejaban llevar. No había ninguna mariposa igual.
¡Qué
tesoro y qué sorpresa descubrir tanta belleza!.
También
ellas son muy bellas, les susurra el viento, aunque duren tan poquito tiempo.
Y es
que durante el paseo han ido desapareciendo, se han llevado con ellas
sensaciones y recuerdos: de montañas gigantescas¸de valles soleados, de hojas
secas y olor a naturaleza.
_ ¿Qué
podemos hacer por él? - preguntó la mamá a su familia, y agregó: - Le podríamos
dar albergue y comida, si pudiéramos subirlo hasta acá.
- No,
mamá. ¡Déjalo ahí donde está! - dijo el pajarito más listo y fuerte - que si le
das comida va a querer comérsela toda, y lo traes para acá arriba, él va a
querer arrimarse a ti para estar más calentico. Entonces, ¿dónde podré ponerme
yo? ¿Eh?.
- Sí,
mamá; yo quiero que se calle, así es que baja tú y dale algo de comer, pero no
lo traigas para acá, que este nido es muy pequeño y no cabe nadie más.
El
papá pajarito, que escuchaba estas dos opiniones, de modo muy dulce se dirigió
a sus dos hijos y les habló así, de esta forma que voy a contarles:
-
Hijitos queridos: ese pajarito perdió a sus padres y tiene hambre. Su nido fue
destruido por un señor muy malo que no se dio cuenta que él había quedado vivo.
Aquí vosotros estáis bien alimentados y calenticos. Yo puedo ir a buscar al niño
bueno que es mi amigo y que vive en aquella casa y puedo también hacerle
comprender que tome al pajarito suavemente y lo suba hasta nuestro nido. Así lo
podremos alimentar y darle calor.
- Eso
mismo pienso yo- dijo la mamá.
-
Entonces, si están de acuerdo ustedes dos, que son los que mandan, por ser la
mamá y el papá, ¿por qué no lo han traído ya? - dijo el pajarito más listo.
-
Porque yo quería que todos estuviéramos convencidos de la decisión que
podríamos tomar. Debemos proteger a esa criatura que tiene frío y si viene para
acá con nosotros, ¿no se dan cuenta que vamos a estar más apretaditos, y por
tanto, tendremos mayor calor?
- ¿Y
habrá comida para los tres? ¿para mi hermano, para el otro pajarito y para mí?
- preguntó el más pequeño de los hijitos.
-
¡Claro que sí, mis tesoros! Habrá comida y calor para todos y seremos más
felices por haber aliviado a una criatura que no tiene a nadie en este mundo.
Y,
diciendo esto, la mamá pajarita, llena de ternura, dio sendos besos a sus hijos
y otro a su esposo, quien, inmediatamente voló hacia la casa de su niño amigo,
dando por hecho que sus hijos estaban convencidos del bien que harían, mientras
seguían escuchando los gritos de su futuro huésped, cada vez más débiles.
Y
cuentan que al día siguiente amanecieron todos, los tres pequeños pajaritos y
sus padres, muy acurrucados en el centro del nido, llenos aún de la cena de la
noche anterior y con caras de felicidad. Todavía quedaba espacio en el nido.
El
Gato Sonrisa logró subir la gran montaña y encontrar el tesoro, pero el mejor
regalo fue descubrir su valentía y sobre todo, que por él mismo podría
conseguir todo lo que se propusiera hacer...
¡¡Mariposa
Amorosa, Loro Garabatos!!... estoy super feliz, soy un gato muy valiente y
tengo unos amigos a los que quiero mucho porque sin vuestros consejos y ánimos
no me hubiera atrevido a buscar el tesoro...
...como
agradecimiento, este tesoro quiero compartirlo con vosotros y lo emplearemos en
hacer una casita para vivir los tres y así podremos jugar siempre juntos...
¡¡Venga
hagamos una gran fiesta para celebrarla!!...
La
llevo volando al paraíso, donde hay una fiesta de las inteligencias, donde
todos son inteligentes
La
agarro de la mano y volaron , volaron, por ciudades pasaron campos, flores,
ríos, cantando los dos, las mas bellas canciones.
Una
niña de trenzas largas de gorro y falta de colores sonriendo . Y le pregunto :
-¿Te
gusta cantar ? -Ah entonces eres
una niña con inteligencia musical
-¿Que
mas te gusta hacer ? -Bailar,
bailar le respondió entusiasmada lucero
-Entonces
eres inteligente con tu cuerpo. -Y
también pintar agrego mas alegre todavía lucero
-Ah
también eres inteligente con los dibujos
-Y
cuando estoy con cólera, respiro y respiro y pido disculpas a mis amiguitos, me
gusta llevarme bien con ellos.
-Ah
esa es otra inteligencia que tienes. Eres también inteligente emocional
Y al igual
que tus amiguitos cada uno tiene una inteligencia más desarrollada, pueden
aprender y hacer sus tareas de todos los temas a través de ellas.
-Te
felicito ya ves, hemos descubierto que tienes muchas inteligencias.
Ah que
feliz estoy, dijo Lucero, y comenzó a cantar y bailar junto a su pajarito
¿Y eso
que me dices le puedes decir a mis amiguitos, mis papas y profesoras?
-Claro
que lo haré.
El
pajarito en la noche llego a la casa de cada uno y les dijo lo muy inteligente
que era lucero y cada uno de ellos.
Hicieron
una gran fiesta, con globos, dulces ,cada uno no se cansaba de demostrar todas
las inteligencias que tenían .
A partir de ese día
todos , ESTUDIARON Y APRENIDIERON EN FORMA PLACENTERA UTILIZANDO
SUS INTELIGENCIAS. mejoraron sus estudios y fueron EXHITOSOS
MOSTRANDO SUS TALENTOS A NIVEL MUNDIAL
Pedro
se marchó muy triste al cole aquel día. Su mamá también se quedó muy triste
pensando en lo mucho que iban a echar de menos a Lanas . Pero, de
repente se acordó de los gusanos de seda de Marta y fue en busca de la caja
donde la niña los guardaba. Marta es la hermana mayor de Pedro, una chica muy
estudiosa, gran aficionada a los animales y la naturaleza, también quiere ser
veterinaria como su papá.
Cuando
los dos hermanos volvieron del cole por la tarde,
la mamá les tenía reservada una sorpresa.
-¡Marta!
¡Pedro!, venid a ver esto...¡los gusanos de seda se
han convertido en mariposas!
-A
ver, a ver...¡sííí! -Marta estaba entusiasmada.
Marta
le explicó a su hermano que los gusanos se quedaban como dormidos dentro de un
capullo y, después de veinte días, salían convertidos en mariposas. Estas
mariposas vivían muy pocos días, los necesarios para poner los huevos de los
que saldrían nuevos gusanos, y nadie se ponía triste por ello. Así era el ciclo
de la vida.
-¿Lo
ves, Pedro? No hay que estar triste porque se vaya Lanas . Ya es tan
viejito que no puede ver, ni jugar. Papá lo cuidará en la granja.
Pedro
comprendió que aquello era lo mejor para su amigo, pero todos los días, cuando
volvía del colegio, se acordaba de él y no podía evitar ponerse un poquitín
triste.
Un
sábado Marta madrugó mucho y se fue con su papá a la granja. Cuando volvió
traía en brazos un cachorrito asustado.
-¡Pedro!,
tengo algo que te va a gustar...
Pedro
se acercó boquiabierto, acarició al animalito y sintió como temblaba.
-No te asustes, mimoso,
si te vamos a querer mucho...
En la estación de la primavera puedes subirte al
tren, solo esperas un poco y el tren aparece, generalmente llega a la Terminal
haciendo "CHUUCHUU- PAZZZZZZZZ" CHUUCHUU-PAZZZZZZ" mientras
se detiene totalmente.
El maquinista, se quita su gorra mientras espera a que suban los pasajeros y reiniciar así, su recorrido.
Un pequeño veía al maquinista con cara de - quiensabeque
- por lo que el maquinista le dijo:
• ¡Buenos días! ¿Deseas subir al tren?
• Si, gracias. -dijo el niño y se sentó justo
detrás de él. Sin resistir más el permanecer callado, con tantas preguntas
rondando en su cabeza, el niño le pregunto al maquinista:
• ¿Porque este tren es tan pequeño, si
tuviera más vagones, podrían pasear más al mismo tiempo y más niños serian
felices.
A lo que el maquinista respondió:
• Este tren, se llama el tren de la paz, y
puede ser tan largo como los niños del mundo deseen que sea.
• ¿Como es eso? Pregunto el niño.
• Se forma de convivencia. Cada que un niño
convive en paz, un vagón se engancha a la maquina, el tamaño del tren de la paz
crece, de acuerdo a las buenas acciones realizadas cada día en bien de la paz.
Y continuó:
• También puede ser tan veloz como los niños
del mundo deseen que sea para poder llegar lo antes posible.
• ¿Como es eso? Pregunto nuevamente el niño.
• Funciona con armonía. Cada que un niño
trabaja en armonía, la velocidad del tren de la paz aumenta. El maquinista se
coloco su gorra y muy ceremoniosamente y pregunto al niño:
• ¿Me muestra su pase de abordar por favor?
• Deberás entonces obtenerlo para poder
iniciar el viaje.
El niño bajo del tren y se fue a su casa, pensando
como obtendría un pase para abordar el tren. Al día siguiente, el niño se fue a
la escuela y la maestra los puso a trabajar y coloco en la mesa una caja de
figuritas, un poco de pegamento y una lata de crayones que todos debían
compartir trabajando en armonía y ayuda mutua. Después salieron al recreo y
jugaron entre todos con una pelota que la maestra les prestó. Convivieron y
jugaron con respeto y buen trato. Al final de la semana, la maestra le dio a
cada uno de los pequeños, una enorme estrella dorada que les pegó en la frente,
por que todos habían trabajado y jugado conviviendo en armonía y habían sido
buenos chicos.
Al siguiente fin de semana, el niño y su familia
fueron nuevamente al centro comercial, llego donde el maquinista y le dijo, que
estaba triste, pues no había conseguido un pase para subir al tren.
• ¡Por supuesto que obtuviste un pase! Le
dijo el maquinista.
• ¿recuerdas aquella estrella dorada que la
maestra puso en tu frente?, pues es la contraseña que me indica que el día de
hoy agregaste un vagón de convivencia a la maquina y echaste leños de armonía a
la caldera. El tren esta listo para partir contigo en él.
• ¿A donde me llevará este tren? Pregunto muy
emocionado el niño.
Se dirige hacia el país de la paz, respondió el
maquinista. SI! Grito el niño. El deseaba conocer el país de la paz.
¡¡¡VAAAMOOONOOOS!!!! Grito el maquinista.
CHUUU- CHUU- PAZZZZZZ, CHUU - CHUUU- PAZZZZZ . Resonó el tren.
EL HONRADO
LEÑADOR
EL GRANJERO BONDADOSO
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